Epílogo: El Anhelo de Dios
Mientras el jet de Mexicana aterriza, el avioncito de Aerolitoral arranca sus motores. Releo lo ultimo que he escrito y me doy cuenta de una cosa: Ser amigo de Teresita me ha hecho más humano, más hombre. Los pies más puestos en la tierra, y el corazón más puesto en el cielo. Teresita es un ser terrestre, como yo, que encontró su camino al cielo, nuestro eterno hogar, y que dejó huellas para seguir.
Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida, y Teresita lo encontró, y recorrió el Camino, aceptó la Verdad y abrazó la Vida. “El que quiera venir en pos de Mi, niéguese a si mismo tome su cruz y sígame”
Teresita le da la mano a todo el que quiera seguir esta invitación, fundamental, de Jesús.
Por mi parte, he descubierto que Dios tiene un anhelo que sólo yo puedo realizar, un gran deseo que sólo yo puedo cumplir.
Yo no sabía cuál era este anhelo. Pensé que Dios cumpliría mis anhelos, los que nacen de mi imaginación, sólo porque me ama. Pero un día renuncié a mis anhelos y brotaron en mi corazón otros anhelos que venían del corazón de Dios. Él me dijo: “Pon en mi corazón tus anhelos y yo pondré mis anhelos en tu corazón.”
Y descubrí el anhelo de ser sacerdote, y no entendía, pues soy casado. Y descubrí en anhelo de ser apóstol y misionero, y no entendía. Entonces Teresita me explicó, porque ella también tenía esos anhelos realizables sólo mediante el amor.
Y pude articular el anhelo de Dios en mí y mi anhelo en Él: se llama amor, y es un fuego eterno, y es Dios.
Y empecé a escribir sobre este anhelo que Dios tiene, y a contemplar su misterio, pues por mí y por cada persona Dios tiene una sed de amor especial, única, personal. “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad”. Salvación y conocimiento que sólo se realizan en el íntimo y eterno encuentro del amor. Dios quiere que todos los hombres lleguen a un íntimo y eterno encuentro de amor con Él.
Y entonces descubrí que hay tanto que hacer para que el amor sea amado. Y claro, no me bastaría para realizar todos mis sueños de amor por Dios. Necesitaría todas las vidas de todos los hombres para realizar todos los sueños y anhelos de amar, y sólo tengo mi propia vida.
Y me resistí a la idea de dejar fuera nada, de priorizar las diversas maneras de amar. Y he decidido que estoy dispuesto a gastarme todo para el amor y morir de amor. Y eso significa sacrificio y renuncia, y estoy dispuesto. ¡Claro que hay un camino más fácil!, pero, ¿cómo escoger menos cuando puedo amar más?
Ahora una flama arde en mi corazón, y es de amor. Ya no sé cómo apagarla, ¡y ciertamente no deseo apagarla! Lo que deseo es a Dios, y Él me anhela a mí, y somos felices, Él y yo.
FIN



